sábado, 28 de mayo de 2011

Churros y Chocolate

Victorio” sin gloria y con mucha pena


Por Remus LePerito


¡Qué mala película!

Muy pocas veces me he sentido tan hundido por haber pagado un boleto de cine al costo de lo que se cobra hoy: un lujo que hay que saber seleccionar. Pero ninguna vez ha sido tan vergonzosa como esta: Victorio, una película de Alex Noppel y Armando Croda (aunque en la campaña sólo se acredita al primero) escrita por Elizabeth Figueroa y producida por el muy mal afamado cubano Joel Núñez, quien muy probablemente sea el responsable de la tan baja calidad de la cinta, más que los directores mismos, dada la reconocida prepotencia con la que trata al personal con el que trabaja imponiendo siempre su carente criterio y que esta, aunque ses una opera prima, se trata una película de encargo y no una historia surgida por una necesidad narrativa y/o creativa del realizador.

El argumento es interesante y bien estructurado: una historia de amor en tiempos y lugares caóticos: una premisa tan buena como el guión de True Romance de Tarantino donde una pareja huye, en este caso, de la Mara o pandilla a la que pertenecía Victorio y que no lo deja ir. Victorio se ha enamorado de Gabriela, una prostituta portadora del virus del Sida que se ha embarazado. Mas el tratamiento que se le da lo llena de los más bajos clichés que ni siquiera se asemeja a un video-home, sino más bien a una acartonada e ingenua telenovela que quiere dar un bonito mensaje "a la de a huevo", pero sin la creatividad necesaria. Los temas que toca, en una película mejor lograda, serían de gran importancia para el cine mexicano: el narcotráfico, la corrupción, la prostitución infantil, la marginación, la discriminación, las maras y el Sida.

Aunque el reparto resulta atractivo, teniendo a Luis Fernando Peña, Irán Castillo, Roberto Sosa, Carmen Salinas y otros, todos, casi todos, sobre-actúan, exagerando sus expresiones sin llegar a ser una caricatura, tal vez ese sea el motivo por el cual en el tráiler no muestran un solo diálogo. Digo casi todos pues quien hace un papel muy medido y entrañable es Roberto Sosa, quien una vez más muestra ese gran talento que durante los instantes que llena la pantalla, salpica beneplácito al dar vida a Lulú, adorable travesti que profundamente le aporta el lado humano a la historia. Resulta increíble ver a Irán Castillo actuar tan mal, cuando en Chiles Jalapeños, otra película del mismo productor pero con un guión más inteligente, se muestra tan fresca, divertida y espontánea, ¿a qué se deberá? Una actriz de tal capacidad y dedicación debería contar con buenos asesores para no cometer de nuevo esta clase de errores y seguir construyendo su carrera de manera sólida seleccionando bien sus proyectos como lo hacía antes, pues para la misma casa productora hizo una cinta aún peor titulada Secuestro de la que no vale la pena gastar líneas. Vemos como Victorio al pobre Luis Fernando Peña repitiéndose en el mismo personaje de tres o cuatro cintas, haciendo gala del acartonamiento al que lo han condenado.




La estética de la cinta es una repetición a lo que se ha venido viendo en el cine mexicano en los últimos años desde Amores Perros pasando por varias más, sin el mérito de ser original ni tener la suficiente calidad fotográfica, pues no explota los bien ambientados escenarios de Mariano Maya sino que los retrata con una imagen plana sin profundidad ni contrastes.



Ya hay varias películas que abordan a las maras que vale la pena ver en lugar de Victorio por la seriedad y compromiso con que son llevadas: La vida loca, documental de excelencia del fallecido Christian Poveda y Sin Nombre de Cary Jôji Fukunaga. Si bien, Victorio ganó un premio en un festival pequeño, no es una película que se coloque al nivel de las otras mencionadas ni las que han tocado los temas sociales del México actual, véase El infierno y Amar a morir.




Un lado cómico de la cinta resulta ser que haya recibido financiación del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad, cuando "calidad" es justamente de lo que carece. Una burla más al espectador y contribuyente mexicano que aguanta callado mientras los criterios de pocos rigen sus gustos.

Finalmente, y sin ganas de seguirme extendiendo, apunto que Victorio es una película que no vale la pena ver para nada en el cine, y ni siquiera vale los diez pesos de una copia pirata. Pero confirma para el productor el título del Rey Midas del Cine Iberoamericano: todo proyecto que cae en sus manos lo convierte en mierda. Para muestra el sitio de su compañía: DMM Films.


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